Han comenzado las clases. Siempre me ha gustado el comienzo del curso. Cuando era pequeña disfrutaba con el olor de los cuadernos nuevos, aún sin estrenar, esperando a que todas las páginas se rellenaran de apuntes indescifrables. Los libros, normalmente heredados de mi hermana mayor, cobraban otro aire después de forrarlos bien con aquellos papeles celofán tan chulos que salieron a finales de los setenta. Reencuadernados quedaban como nuevos. Este año aquellos sentimientos de ilusión y curiosidad han retornado aunque ahora me siente al otro lado del aula. He disfrutado de lo lindo la primera semana de clases viendo las caritas de los estudiantes de primer año. Como entonces con sus cuadernos sin estrenar, con esos libros que huelen a tinta fresca y que ahora tratan con tanto cuidado. No se atreven ni a escribir en el cuaderno de ejercicios. Están llenos de ilusiones y curiosidad, quieren aprender mi lengua y suspiran cada vez que digo algo en español. Lo difícil para el profesor es mantener este ambiente mágico, en donde cuál Harry Potters, aún no saben cómo manejar la barita mágica y están deseosos de aprender el primer truco. Cómo mantener la magia? Esa es la gran pregunta del profesor, sobre todo cuando existen estudios serios que dicen que le motivación del alumno se consigue sólo en las primeras semanas. Si en ese pequeño tiempo de espacio consigues conectar, consigues su atención incondicional, podrás quizás no enseñarles todo lo que sabes o quisieras, pero sí inspirarles para que ellos mismos busquen más, y consigan quizás por un año, encontrar respuestas a sus inquietudes. Un año más de magia para todos, aunque a veces sea blanca y otras negra, pero magia al cabo, para quienes aún disfrutamos con el comienzo de cada curso.
Mi hija también ha comenzado el año escolar totalmente de estreno. Casa nueva, ciudad nueva y colegio nuevo. Sorprendente la flexibilidad de los críos para adaptarse a todo lo nuevo con cierto miedo pero con una mente abierta para las nuevas experiencias. El primer día de cole se quedó llorando. Me marché a dar mis clases con un desasosiego en el cuerpo que hacía meses no sentía. Todo el día con su carita triste tatuada en la mente, pensando en lo mal que lo debería estar pasando con tantos cambios, tantas cosas nuevas de golpe. El sentimiento de culpabilidad fué ahogando mi día hasta que pude irme corriendo a buscarla a la también nueva guardería. Me recibió no llenándome de besos y abrazos, como me esperaba, sino con una cara de desencanto total y pocas palabras: "Qué haces aquí tan temprano? No ves que estoy jugando? Aún no quiero irme a casa". Pues ya está, para ella la magia ya ha empezado, afortunadamente su barita ya funciona.
Mucha suerte en tu nueva vida, tu nueva ciudad, tu nuevo trabajo, tu nuevo blog...
BeantwoordenVerwijderenjoder, que casi me das envidia.
Te seguiré leyendo.
Me encantan los comienzos. Yo siempre recuerdo a mi padre liado en la mesa del salón forrándome los libros. ¡Me encantaba el olor a plástico del forro! Lo máááássss.
BeantwoordenVerwijderen